martes, 11 de junio de 2013
Xbox One y sus políticas...
viernes, 15 de febrero de 2013
Vida en Plenitud
domingo, 13 de noviembre de 2011
40.
sábado, 16 de abril de 2011
Sin Miedo A La Vida.
No sé si haga falta estar en tus 40, o bien, tener 40 problemas simultáneos ocupando tu cabeza casi todo el tiempo. Lo cierto es que resulta tan sorprendente como imposible no perder de vista la facilidad con las que la monotonía y lo rutinario de una vida, suelen esconderse detrás de una, a veces, aparente felicidad, estabilidad o seguridad.
Creo que el factor edad, la experiencia, vivencias y acontecimientos que con ésta vamos acumulando son mucho más propicios y perfectos para que se dé, y nos pese el factor sorpresa del que hablo. Y este, es justo en el punto en el que me encuentro ahora. Es justo ahora que me puedo preguntar con mas certezas que dudas si lo que he hecho hasta hoy, ha sido realmente lo que he querido yo, o lo que otros han querido de mí.
Acabo de ver Sin Miedo A La Vida (Fearless - 1993), que hace tiempo había visto ya y que, curiosamente hoy, a diferencia de hace años, causó un efecto reflexivo muy profundo y me llevó a compararla con situaciones que actualmente vivo.
La película cuenta la historia de un hombre convencional que lucha como todos nosotros por llevar una vida plena y satisfactoria. Al menos desde el punto de vista social. Ya saben: Cumplir con tu familia, tener un buen trabajo, pagar tus deudas a tiempo, llegar temprano a casa y ser “buena” persona. Sin embargo, un suceso de esos extraordinarios que parecen tener que pasarnos a todos solo una vez en la vida, hace que su percepción sobre sí mismo y su entorno se vea cuestionada severamente, al grado de sentirse completamente fuera de contexto y aunque ahora cuenta con una aparente mayor seguridad sobre lo que quiere y busca, lo cierto es que las dudas volverán y serán justo estas, las que terminarán regresándolo a una realidad a la que no está seguro de querer volver.
Salirse del guión que como individuos nos hemos labrado durante los últimos años e improvisar un poco en nuestro papel es algo que no todos podemos controlar. Y así como existen quienes cuya naturaleza inquieta les permite la facilidad de hacerlo, también existen aquellos seres incapaces de infringir, al menos conscientemente, las reglas de la vida, o de la ética, o de la sociedad, y es justo por esa razón que parecen necesitar de hechos extraordinarios para detener su marcha errática, cuestionarse mas las cosas y decidir lo que creen que sería mejor para ellos mismos y la vida que hasta ese momento llevan.
hoy mas que nunca, resulta menos extraño ver que, en el punto medio de una vida plena, las personas puedan empezar a desarrollar patrones de comportamiento ajenos a los que normalmente acostumbraban. Aquí el problema para quienes les rodean no es propiamente este, sino tener la capacidad, paciencia y sobre todo amor, para poder comprender las razones del cambio. Entender y descubrir qué hecho extraordinario pudo haberles afectado de tal o cual manera estas personas, por enorme o insignificante que les parezca, para luego asimilar las consecuencias y con ello, por supuesto, ayudarse a ayudar a la persona “afectada”. Eso, si es que en realidad esta lo necesita, o lo solicita.
Muchas de las veces sorprende saber que, cosas tan sencillas como un cambio de ruta, salir a otra hora de la oficina o llamar a un viejo amigo o familiar que hace tiempo que no vemos, pueden traer como resultado una serie de sucesos que cambiarán la rutinaria vida que llevamos y que es precisamente gracias a esa rutina, que se vuelve imperceptible incluso para nosotros mismos.
En el caso de Max Klein de Sin Miedo A La Vida, éste empieza a sentir que no puede ser alcanzado por la muerte, lo que le lleva a experimentar un nivel de confianza enfermizo que posteriormente afecta a su familia y a otros involucrados en el mismo suceso traumático que él vivió y termina finalmente, abrumándolo por completo. Sin embargo, la parte clave de la película llega cuando nos damos cuenta de que, por más confiados que estemos de la “buena fortuna”, “infortunio”, según sea el caso, que lo que atravesamos nos ha dejado, lo cierto es que nunca seremos más que simples títeres humanos jugando un macabro juego en el que el destino y nuestras propias mentes son los enemigos a vencer y sin la ayuda de aquellos que nos aman y aprecian y a quienes pudimos afectar sin habérnoslo propuesto, resultaría prácticamente imposible vencerlos.
Es cierto, la rutina puede hartar y hacer que perdamos el control, pero es prudente saber que también aquello que nos saca de dicha rutina pudiera hacernos tastabillar y perder el control pero de una peor manera que la causada por la propia rutina. La condición humana jamás va a ser excelsa. Somos extraordinarios como seres pensantes y racionales pero todo esto conlleva una contraparte y es justo esa la que nos pone el mayor de los retos, pues no es popularmente reconocida ni apreciada y por tanto, permanece siniestramente oculta en el subconsciente de todos, esperando el momento preciso para poder sacar lo mejor o lo peor de nosotros.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Creciendo.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Y mi banda toca Rock.
Hoy, hace aproximadamente un año, la música volvió a llamarme a sus filas.Recuerdo bien que por estas fechas del año pasado, una extraña combinación entre sesiones de Facebook y llamadas telefónicas con Juan Pablo, me hicieron regresar de golpe y porrazo a un proyecto de banda que incluso al día de hoy, ocupa parte de mi tiempo libre.
Y aun cuando regresar a las andadas musicales ha sido satisfactorio, debo confesar que también resultó un poco mas difícil y confuso de lo que yo jamás habría imaginado.
Se dice que lo bien aprendido, jamás es olvidado. Yo en mi juventud, tuve la suerte de convivir con músicos muy talentosos, o cuando menos tenaces. De hecho, vi como muchos de ellos lograron despegar a niveles comerciales y masivos que en ésa época, de una u otra forma, todos soñabamos con tener. Es así que, por azares del destino, o simplemente porque nadie mas quiso hacerlo, cuando menos lo pensé, fui destinado a las labores vocales de aquella banda callejera, tan informal como poco preparada; pero eso sí, muy animada y soñadora. Los covers eran nuestra comida diaria y tocar en uno que otro festivalillo o reunión, nuestro efímero premio; claro, en tanto no llegaba el anhelado super estrellato.
Era común para mi vivir y soñar con y para la música. Yo era de los que pensaban que no había otra cosa mejor e incluso, llegué a asegurar que con gusto, podría hacer de ello, un modo de vida.
Escuchaba música todo el tiempo. Me informaba sobre tal o cual grupo de mi particular interés y pasaba tardes o noches enteras en mi cuarto, haciendo hasta lo imposible por alcanzar los tonos o al menos, asemejar mi voz, a aquella de los famosos cantantes a quienes idolatraba.
Sin embargo, aun cuando mis peripecias como miembro de una banda nunca fructificaron en algo profesional o siquiera popular, debo aceptar que si lograron conformar una serie de recuerdos y anécdotas que aun ahora, suelo platicar con mucho humor y cariño. De hecho, fue gracias a esas aventuras musicales que logré conocer a mucha gente y es por eso que ahora, a através de Juan Pablo, a quien le debo el haber logrado tener mi presentación en público mas numerosa y decorosa de todas, que ahora se me presenta una especie de revancha en contra de esa pasión que creí perdida: La música.
El proyecto del que actualmente formo parte se llama Vlök y es una propuesta sencilla, honesta, pero sobre todo profesional. Es algo que sobrepasa y por mucho, cualquier cosa que yo hubiera hecho en mis años mozos. Y es justo eso, la honestidad de la propuesta, aunada a las personas que conforman la banda, lo que ha hecho que poco a poco, retome la confianza que se necesita para vovler a sentir y por ende, expresar la música a través de mi voz, en conjuneto con sus acordes.
El objetivo es claro: Hay que grabar un disco original y de buena calidad.
El que esta gente esté confiando en mi para ello es una responsabilidad muy grande. Una responsabilidad que me pesa sobremanera y que quiero responder con lo mejor de mi.
Es por eso que hoy, que alguien me dijo que es día del musico, quiero expresar mi agradecimiento a Juan, Nuni, Jovas y Mike, por su paciencia, su sencillez y su profesionalismo. Y agrego que esto, llegue hasta donde llegue, para mi ya ha valido la pena, porque he pasado un año maravilloso vibrando con los instrumentos a tope y creando cosas originales y propias, algo que nunca antes tuve oportunidad de hacer y que siempre soñé.
Gracias señores por esta oportunidad y espero poder lograr junto a ustedes este objetivo.
Vlök para siempre!
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Los 40.
Aun recuerdo con claridad mis días de secundaria, cuando durante inocentes ejercicios futuristas entre mis compañeros de clase, imaginábamos tan asombrados como escépticos, lo que habría de ser el año 2000. Curiosamente, siempre terminaba reflexionando sobre la edad que yo tendría cuando se llegara ésa, hasta enonces, muy lejana época.
Habiéndo nacido en un año cerrado, es decir en 1970, nunca ha sido difícil para mi calcular mi edad en tiempos futuros. Por ello, concluía rápidamente que para entonces debería yo a tener 30 años; mismos que, para alguien de 15, parecían toda una vida.
Hoy en día, con mis 40 encima y un cúmulo de experiencias y vivencias que bien me dan cierta autoridad ante la vida, me encuentro viviendo todo, menos lo que mi imaginación, por mas estimulada que estuviera en los ochentas, pudo jamás imaginar.
Crecer, madurar, casarme y ser padre, son cosas que uno nunca puede imaginar. Aun cuando todo esto te rodea siempre y convives con ello, jamás logras ni siquiera acercarte a lo que termina siendo en realidad: Una experiencia única e irrepetible.
Justo hoy, apenas a 30 minutos de estar escribiendo esto, me pasó algo que me hace pensar en lo que les digo. A través de mi hijo Alejandro, empiezo a ver destellos de situaciones que yo mismo viví y que seguramente, algun día él vivirá a través de sus propios hijos; y me doy cuenta de cuán inocentes podemos llegar a ser, pero además, me doy cuenta de que resulta casi imposible engañar a la experiencia que solo el tiempo le puede dar a un padre; a un hombre.
Viendo videos musicales de mi época de jóven, de pronto, me encontré coreandolos junto a mi hijo. Resultó clara la influencia que mis gustos han ejercido en él y de inmediato reflexioné sobre el tiempo que he vivido, pero mas profundamente aun, sobre el tiempo que me queda aquí, en esta Tierra.
Hay quien dice que llegar a los 40 representa una especie de tope, que es la mitad del camino para un ser humano promedio en mi país e incluso, hay aquellos a quienes les gusta metaforizar y suelen compararlo con el inicio del fin, o el inicio del descenso de esta montaña que es la vida.
En mi caso, los 40 son algo nuevo pero a la vez solo algo mas. Soy de los que creen que en esta vida, uno nunca deja de aprender. No hay cimas. No hay topes. Pero si hay un final. Y mientras este final no llegue, lo mejor será disfrutar de lo que tengo. Disfrutar lo que soy.
Tener 40 años es como tener 20, o 12, o 55. Hay mas achaques, sí, pero también hay mas responsabilidades y logros que dependen solamente de uno mismo. Cada etapa tiene lo suyo pero, habiendo llegado hasta aquí y si me lo preguntan, me quedo con mi presente, por encima de la ingenuidad e incocencia de la juventud. Resignación? Quizás. Pero para mí, es solo cuestión de ubicarme en mi espacio. En mi tiempo.