viernes, 15 de febrero de 2013

Vida en Plenitud

Incluso las memorias empiezan a desvanecerse...

En el umbral de lo que aparenta ser una nueva etapa en mi vida como Padre de familia, me he encontrado con la disyuntiva de elegir un camino que me lleve al método adecuado para preparar a mis hijos a volar parcialmente solos. Desde luego, con toda la intención y resignación de que no mucho tiempo después, lo harán con total libertad.

Hoy los cambios fisiológicos y de conciencia, ideas e individualismo con el que somos dotados los seres humanos empieza a brotar, con mucho ímpetu debo decir, en el mayo de mis hijos.

Esto no solo marca el banderazo de salida hacia una carrera que ignoro si puedo ganar, dado que ni siquiera estoy seguro de querer que algún día empezara.  

domingo, 13 de noviembre de 2011

40.


Y bien, heme aquí, llegando a las 4 décadas de existencia. Y antes de que alguien me reproche sobre posibles cuentas mochas, les comento que no hay error. Digo que estoy cumpliendo cuarenta porque a pesar de que la costumbre dice que debo decir cuarenta y uno, a como lo veo yo, apenas estoy cerrando el ciclo de los cuarenta vividos y no podré decir que tengo un año más que eso sino hasta que se llegue el  siguiente 14 de noviembre. Así que…

Como decía, en la antesala de empezar a vivir en “los cuarenta y tantos”, me resulta…. Confuso, poder decir cuán difícil o fácil ha sido llegar hasta aquí. Solo sé que la vida me ha mantenido ocupado como para no haber sido del todo consciente de la trayectoria recorrida hasta hoy. Sin embargo, y conociendo otros casos como el que hoy enfrento, se pudiera resumir que el balance es ecuánime y relativamente satisfactorio.

Desconozco si es algo instintivo o tan solo lógico pero casi sin darme cuenta, en días recientes, me he sorprendido buscando artículos, pensamientos, reflexiones y demás escritos relacionados con la llegada del ser humano a los 40 años. Con muchos de estos escritos me he visto obligado a la reflexión, por el enorme grado de empatía que lograron en mí, pero con otros, simplemente no he podido terminar de leer, por lo exagerada y demagógicamente emotivos que pretenden ser. En cualquier caso, concluyo que llegar a los 40 representa el ganar un sentido de congruencia y madurez completamente definidos e innegablemente palpables.

Y es a raíz de las mencionadas madurez y congruencia que en vez de una retrospectiva de mi vida,  prefiero enfocar mi atención en lo que los primeros 40 le han traído a mi presente. En él descubro que este último año ha sido particularmente significativo para mi, pues habiendo crecido como una persona de carácter reservado e introvertido, me propuse volver a lo básico y en la medida de lo posible, a enmendar la mezquindad y el distanciamiento generado por años de penas, prejuicios y miedo al qué dirán, con el que estúpidamente y sin razón viví. Por ello, recientemente me las he arreglado para reencontrarme con esas personas maravillosas que de un modo u otro, fueron parte de mi pasado y a quienes sentí la necesidad de re insertar en mi presente, aunque fuera de manera efímera, para cuando menos, hacer las paces tanto con ellos, como con un pasado que ahora estoy seguro que nunca quise, aun cuando lo haya elegido vivir así.

En fin… Este cumpleaños lo pienso celebrar con mi familia y amigos cercanos, pero también lo quiero dedicar al nombre y memoria de todos aquellos que afortunadamente he vuelto a ver de nuevo y a quienes he tenido la oportunidad de decirles personalmente cuánto les aprecio.

Dios bendiga la memoria de todos los que llegaron para quedarse a pesar de la distancia y así convertirse en una página del libro de nuestra vida. Un libro al que espero poder añadir no solo más páginas, sino más personajes. 

sábado, 16 de abril de 2011

Sin Miedo A La Vida.

No sé si haga falta estar en tus 40, o bien, tener 40 problemas simultáneos ocupando tu cabeza casi todo el tiempo. Lo cierto es que resulta tan sorprendente como imposible no perder de vista la facilidad con las que la monotonía y lo rutinario de una vida, suelen esconderse detrás de una, a veces, aparente felicidad, estabilidad o seguridad.

Creo que el factor edad, la experiencia, vivencias y acontecimientos que con ésta vamos acumulando son mucho más propicios y perfectos para que se dé, y nos pese el factor sorpresa del que hablo. Y este, es justo en el punto en el que me encuentro ahora. Es justo ahora que me puedo preguntar con mas certezas que dudas si lo que he hecho hasta hoy, ha sido realmente lo que he querido yo, o lo que otros han querido de mí.

Acabo de ver Sin Miedo A La Vida (Fearless - 1993), que hace tiempo había visto ya y que, curiosamente hoy, a diferencia de hace años, causó un efecto reflexivo muy profundo y me llevó a compararla con situaciones que actualmente vivo.

La película cuenta la historia de un hombre convencional que lucha como todos nosotros por llevar una vida plena y satisfactoria. Al menos desde el punto de vista social. Ya saben: Cumplir con tu familia, tener un buen trabajo, pagar tus deudas a tiempo, llegar temprano a casa y ser “buena” persona. Sin embargo, un suceso de esos extraordinarios que parecen tener que pasarnos a todos solo una vez en la vida, hace que su percepción sobre sí mismo y su entorno se vea cuestionada severamente, al grado de sentirse completamente fuera de contexto y aunque ahora cuenta con una aparente mayor seguridad sobre lo que quiere y busca, lo cierto es que las dudas volverán y serán justo estas, las que terminarán regresándolo a una realidad a la que no está seguro de querer volver.

Salirse del guión que como individuos nos hemos labrado durante los últimos años e improvisar un poco en nuestro papel es algo que no todos podemos controlar. Y así como existen quienes cuya naturaleza inquieta les permite la facilidad de hacerlo, también existen aquellos seres incapaces de infringir, al menos conscientemente, las reglas de la vida, o de la ética, o de la sociedad, y es justo por esa razón que parecen necesitar de hechos extraordinarios para detener su marcha errática, cuestionarse mas las cosas y decidir lo que creen que sería mejor para ellos mismos y la vida que hasta ese momento llevan.

hoy mas que nunca, resulta menos extraño ver que, en el punto medio de una vida plena, las personas puedan empezar a desarrollar patrones de comportamiento ajenos a los que normalmente acostumbraban. Aquí el problema para quienes les rodean no es propiamente este, sino tener la capacidad, paciencia y sobre todo amor, para poder comprender las razones del cambio. Entender y descubrir qué hecho extraordinario pudo haberles afectado de tal o cual manera estas personas, por enorme o insignificante que les parezca, para luego asimilar las consecuencias y con ello, por supuesto, ayudarse a ayudar a la persona “afectada”. Eso, si es que en realidad esta lo necesita, o lo solicita.

Muchas de las veces sorprende saber que, cosas tan sencillas como un cambio de ruta, salir a otra hora de la oficina o llamar a un viejo amigo o familiar que hace tiempo que no vemos, pueden traer como resultado una serie de sucesos que cambiarán la rutinaria vida que llevamos y que es precisamente gracias a esa rutina, que se vuelve imperceptible incluso para nosotros mismos.

En el caso de Max Klein de Sin Miedo A La Vida, éste empieza a sentir que no puede ser alcanzado por la muerte, lo que le lleva a experimentar un nivel de confianza enfermizo que posteriormente afecta a su familia y a otros involucrados en el mismo suceso traumático que él vivió y termina finalmente, abrumándolo por completo. Sin embargo, la parte clave de la película llega cuando nos damos cuenta de que, por más confiados que estemos de la “buena fortuna”, “infortunio”, según sea el caso, que lo que atravesamos nos ha dejado, lo cierto es que nunca seremos más que simples títeres humanos jugando un macabro juego en el que el destino y nuestras propias mentes son los enemigos a vencer y sin la ayuda de aquellos que nos aman y aprecian y a quienes pudimos afectar sin habérnoslo propuesto, resultaría prácticamente imposible vencerlos.

Es cierto, la rutina puede hartar y hacer que perdamos el control, pero es prudente saber que también aquello que nos saca de dicha rutina pudiera hacernos tastabillar y perder el control pero de una peor manera que la causada por la propia rutina. La condición humana jamás va a ser excelsa. Somos extraordinarios como seres pensantes y racionales pero todo esto conlleva una contraparte y es justo esa la que nos pone el mayor de los retos, pues no es popularmente reconocida ni apreciada y por tanto, permanece siniestramente oculta en el subconsciente de todos, esperando el momento preciso para poder sacar lo mejor o lo peor de nosotros.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Creciendo.

Hace qué tanto pudo ser, que estuve sentado en el diminuto patio de un jardín de niños, con cámara en mano y recibiendo este homenaje del día del Padre en el cual mis hijos participaban de un número musical que, por mas poco sincronizado e informal que haya resultado, logró provocarme un gran nudo en la garganta, mientras suspiraba y reflexionaba acerca de la inocencia de aquellos quienes algún día, lejano en apariencia, serían mi legado en esta Tierra. Honestamente, para mi no pareció que fuera mucho tiempo, sin embargo, cronológicamente me doy cuenta que sí.

Anoche; sentado frente a la boleta de asignación de Secundaria de mi hijo el mayor, preocupado porque le asignaron una escuela en la que ni su madre ni yo estamos de acuerdo, se dio un diálogo entre él y yo que resultó muy aleccionador. No sabría decir si lo fue para él, pero lo que si puedo asegurar es que para mí sí lo fue, y mucho.

Entre algunos conocidos y amistades que tienen el privilegio de ser papás, hasta ahora, no recuerdo de alguno que no quiera para sus hijos algo mejor de lo que ellos tienen. Esto, muy independientemente de sus logros académicos, laborales y personales. Es decir, no importa cuán alto ha llegado un hombre; cuando se trata de sus hijos, esto será siempre parecerá ser poca cosa.

En un afán por anticipar para él los cambios propios de un nuevo período escolar, de por sí difícil y que se juntan con los relacionados con la adolescencia, platicamos un buen rato de lo que puede presentarse y de las probabilidades de ya no participar de una relación tan infantilmente estrecha entre nosotros, sus padres y él, nuestro hijo.

Durante la plática, surgieron ejemplos de vida, hubo las odiosas comparaciones y desde luego, también salieron a relucir menciones alusivas a mi persona. Busqué las palabras mas digeribles, los ejemplos mas aplicables y las enseñanzas que solo la vida te pude dar y que de hecho existen para ser pasados de generación en generación y las vertí sobre mi hijo, bañándolo lo mas que pude en ellas. El me miró y escuchó sumamente atento todo el tiempo y yo no pude evitar de vez en cuando pensar en si esta sería una de las últimas veces en que tendría yo toda su atención. Incluso temí por un momento del tiempo en que me tocara vivir alguna diferencia de opinión y que esto derivara en un distanciamiento propio de las edades de cada uno. Un drama innecesario pero que finalmente me plantee.

Tras veinte o veinticinco minutos de monólogo, porque en realidad eso es lo que fue, mi hijo asintió con la cabeza en señal de que había comprendido mi mensaje y yo me quedé de nuevo en la mesa, viendo el papel que tenía en las manos pero absorto en lo que se viene para mi como Padre.

Solo Dios sabe hasta donde podré cumplir cabalmente con la responsabilidad de guiar a mis hijos. Y seguro será Dios quien se encargue de hacérmelo ver en un futuro ya no tan lejano. Lo que si tengo seguro es que será Él también quien funja como mi único testigo de que mis intenciones siempre son, han sido y serán, las de acercar todo lo que esté en mi poder, para que mis hijos crezcan siendo no solo hombres de bien, sino de éxito también.



lunes, 22 de noviembre de 2010

Y mi banda toca Rock.

Hoy, hace aproximadamente un año, la música volvió a llamarme a sus filas.

Recuerdo bien que por estas fechas del año pasado, una extraña combinación entre sesiones de Facebook y llamadas telefónicas con Juan Pablo, me hicieron regresar de golpe y porrazo a un proyecto de banda que incluso al día de hoy, ocupa parte de mi tiempo libre.

Y aun cuando regresar a las andadas musicales ha sido satisfactorio, debo confesar que también resultó un poco mas difícil y confuso de lo que yo jamás habría imaginado.

Se dice que lo bien aprendido, jamás es olvidado. Yo en mi juventud, tuve la suerte de convivir con músicos muy talentosos, o cuando menos tenaces. De hecho, vi como muchos de ellos lograron despegar a niveles comerciales y masivos que en ésa época, de una u otra forma, todos soñabamos con tener. Es así que, por azares del destino, o simplemente porque nadie mas quiso hacerlo, cuando menos lo pensé, fui destinado a las labores vocales de aquella banda callejera, tan informal como poco preparada; pero eso sí, muy animada y soñadora. Los covers eran nuestra comida diaria y tocar en uno que otro festivalillo o reunión, nuestro efímero premio; claro, en tanto no llegaba el anhelado super estrellato.

Era común para mi vivir y soñar con y para la música. Yo era de los que pensaban que no había otra cosa mejor e incluso, llegué a asegurar que con gusto, podría hacer de ello, un modo de vida.

Escuchaba música todo el tiempo. Me informaba sobre tal o cual grupo de mi particular interés y pasaba tardes o noches enteras en mi cuarto, haciendo hasta lo imposible por alcanzar los tonos o al menos, asemejar mi voz, a aquella de los famosos cantantes a quienes idolatraba.

Sin embargo, aun cuando mis peripecias como miembro de una banda nunca fructificaron en algo profesional o siquiera popular, debo aceptar que si lograron conformar una serie de recuerdos y anécdotas que aun ahora, suelo platicar con mucho humor y cariño. De hecho, fue gracias a esas aventuras musicales que logré conocer a mucha gente y es por eso que ahora, a através de Juan Pablo, a quien le debo el haber logrado tener mi presentación en público mas numerosa y decorosa de todas, que ahora se me presenta una especie de revancha en contra de esa pasión que creí perdida: La música.

El proyecto del que actualmente formo parte se llama Vlök y es una propuesta sencilla, honesta, pero sobre todo profesional. Es algo que sobrepasa y por mucho, cualquier cosa que yo hubiera hecho en mis años mozos. Y es justo eso, la honestidad de la propuesta, aunada a las personas que conforman la banda, lo que ha hecho que poco a poco, retome la confianza que se necesita para vovler a sentir y por ende, expresar la música a través de mi voz, en conjuneto con sus acordes.

El objetivo es claro: Hay que grabar un disco original y de buena calidad.

El que esta gente esté confiando en mi para ello es una responsabilidad muy grande. Una responsabilidad que me pesa sobremanera y que quiero responder con lo mejor de mi.

Es por eso que hoy, que alguien me dijo que es día del musico, quiero expresar mi agradecimiento a Juan, Nuni, Jovas y Mike, por su paciencia, su sencillez y su profesionalismo. Y agrego que esto, llegue hasta donde llegue, para mi ya ha valido la pena, porque he pasado un año maravilloso vibrando con los instrumentos a tope y creando cosas originales y propias, algo que nunca antes tuve oportunidad de hacer y que siempre soñé.

Gracias señores por esta oportunidad y espero poder lograr junto a ustedes este objetivo.

Vlök para siempre!

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Los 40.

Recientemente he llegado a mis 40 años y la verdad es que, fuera de estar consciente de ello, no me he notado aun algún cambio específico, indicativo y evidente que refleje mis 4 décadas en este mundo.

Aun recuerdo con claridad mis días de secundaria, cuando durante inocentes ejercicios futuristas entre mis compañeros de clase, imaginábamos tan asombrados como escépticos, lo que habría de ser el año 2000. Curiosamente, siempre terminaba reflexionando sobre la edad que yo tendría cuando se llegara ésa, hasta enonces, muy lejana época.

Habiéndo nacido en un año cerrado, es decir en 1970, nunca ha sido difícil para mi calcular mi edad en tiempos futuros. Por ello, concluía rápidamente que para entonces debería yo a tener 30 años; mismos que, para alguien de 15, parecían toda una vida.

Hoy en día, con mis 40 encima y un cúmulo de experiencias y vivencias que bien me dan cierta autoridad ante la vida, me encuentro viviendo todo, menos lo que mi imaginación, por mas estimulada que estuviera en los ochentas, pudo jamás imaginar.

Crecer, madurar, casarme y ser padre, son cosas que uno nunca puede imaginar. Aun cuando todo esto te rodea siempre y convives con ello, jamás logras ni siquiera acercarte a lo que termina siendo en realidad: Una experiencia única e irrepetible.

Justo hoy, apenas a 30 minutos de estar escribiendo esto, me pasó algo que me hace pensar en lo que les digo. A través de mi hijo Alejandro, empiezo a ver destellos de situaciones que yo mismo viví y que seguramente, algun día él vivirá a través de sus propios hijos; y me doy cuenta de cuán inocentes podemos llegar a ser, pero además, me doy cuenta de que resulta casi imposible engañar a la experiencia que solo el tiempo le puede dar a un padre; a un hombre.

Viendo videos musicales de mi época de jóven, de pronto, me encontré coreandolos junto a mi hijo. Resultó clara la influencia que mis gustos han ejercido en él y de inmediato reflexioné sobre el tiempo que he vivido, pero mas profundamente aun, sobre el tiempo que me queda aquí, en esta Tierra.

Hay quien dice que llegar a los 40 representa una especie de tope, que es la mitad del camino para un ser humano promedio en mi país e incluso, hay aquellos a quienes les gusta metaforizar y suelen compararlo con el inicio del fin, o el inicio del descenso de esta montaña que es la vida.

En mi caso, los 40 son algo nuevo pero a la vez solo algo mas. Soy de los que creen que en esta vida, uno nunca deja de aprender. No hay cimas. No hay topes. Pero si hay un final. Y mientras este final no llegue, lo mejor será disfrutar de lo que tengo. Disfrutar lo que soy.

Tener 40 años es como tener 20, o 12, o 55. Hay mas achaques, sí, pero también hay mas responsabilidades y logros que dependen solamente de uno mismo. Cada etapa tiene lo suyo pero, habiendo llegado hasta aquí y si me lo preguntan, me quedo con mi presente, por encima de la ingenuidad e incocencia de la juventud. Resignación? Quizás. Pero para mí, es solo cuestión de ubicarme en mi espacio. En mi tiempo.

jueves, 10 de junio de 2010

Cronología hacia un evento casi frustrado.

Faltaban escasas cuatro horas para el inicio del espectáculo y, en los principales medios informativos de la ciudad, empezaban a reportar una serie de eventos que, de facto, trastocaban la rutina habitual de miles de regiomontanos. La detención, horas antes, de un importante miembro de la delincuencia organizada, dio como resultado numerosos bloqueos viales llevados a cabo con lujo de violencia, lo que en cuestión de minutos, paralizaron la ciudad y pusieron en serias dudas, mi asistencia al importante evento.

El plan era dejar a los niños al cuidado de mi cuñada que, para mi poca fortuna, justo a la hora de su salida, se encontraba en el momento en que tenía lugar, uno de los bloqueos mas importantes de todos los que se habían registrado. Muchos no podían y otros no querían moverse por la ciudad, y la incertidumbre crecía conforme los informativos daban cuenta de los hechos. Eran ya las 18:45 horas. Había acordado con Ana esperarla en mi oficina, ubicada relativamente cerca del lugar en donde se llevaría a cabo la presentación. Teóricamente, había aun tiempo de sobra para llegar sin problemas al evento.

19:20 horas. Sumaban ya 25 las zonas bloqueadas en distintas partes de la ciudad. Como hecho a propósito, la mayoría se ubicaba justamente en los lugares que mi cuñada podía usar como rutas alternas hacia mi casa. Empezaba a preocuparme.

Eran prácticamente las 20:00 horas cuando los reportes de las autoridades mencionaban del retiro de gran parte de los bloqueos. Sin embargo, noticias de disparos en varias partes de la ciudad, alteraban aun más el curso de las cosas y sobre todo, incementaban la psicosis colectiva que amenazaba con convertirse en un caos de mayores proporciones. Mi cuñada había hablado por teléfono con Ana. Se disponía apenas a salir de su trabajo y esperaba estar en casa en aproximadamente 30 minutos. Terminó llegando cerca de las 21:00 horas.

En la oficina, no podía hacer mas que seguir paso a paso los eventos que enloquecían a nuestra ciudad, mientras esperaba la llamada de Ana, indicándome que se disponía a salir de casa. Fue entonces cuando empecé a contemplar la posibilidad de adelantarme a la Arena para que, en caso de que Ana no consiguiera salir definitivamente de casa, poder llegar con tiempo suficiente al evento, y de paso, intentar vender el boleto “de sobra” ahí mismo, algo con lo que no estaba nada conforme, pero que definitivamente sí consideré como última opción.

Eran las 21:10 horas. Ana venía en camino y, llamarle cada 10 minutos para saber sobre su recorrido se convirtió en una constante para mi. Curiosamente y para mi fortuna, los hechos ocurridos unas horas antes habían alejado la mayor parte del tráfico de las calles, por lo que Ana no tuvo mayor problema en reducir su tiempo de llegada hasta mi oficina, en casi la mitad. A las 21:40 horas estábamos de camino hacia la Arena y el trayecto desde la oficina hacia allá, también fue rápido y sin sobresaltos.

21:55 horas. Entramos al recinto y la gente en los alrededores no era tanta como lo esperaba. Apenas cruzando la puerta y los filtros de seguridad, un acomodo de figurines con trajes alusivos al evento, así como parafernalia y algunos fans personificados, adornaban el entorno, esperando a ser fotografiados y conservados como tesoros y recuerdo invaluable de una noche que prometía ser mágica. Y que en efecto lo fue.

En punto de las 22:10 horas, las luces se apagaron, y tras una sonora ovación, los primeros acordes de un tema por demás conocido para todos los reunidos ahí, enchinaba la piel hasta del mas escéptico. El espectacular viaje de regreso a una galaxia muy, muy lejana había comenzado, y yo, a pesar de todo, estaba ahí para presenciarlo.